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Carlos Cruz Diez, el misterio del color; por Julio César Pineda | WTC-Radio

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Julio César Pineda Ya Carlos Eduardo Cruz Diez es partes de la historia cultural de Venezuela. Junto a Jesús Soto, han sido los mejores embajadores del arte venezolano en los últimos tiempos. Ambos representan el arte óptico y el cinetismo latinoamericano en la permanente exaltación del color y el movimiento con la nueva dimensión de la pintura y la escultura. Todo dentro de la estética del movimiento tanto de los componentes móviles como de los componentes fijos siempre con ilusiones visuales de la percepción del observador. Siguieron las enseñanzas de Marcel Duchamp y Alexander Calder utilizando el término de este arte que consagró Naum Gabo en el manifiesto realista tratando de privilegiar la tridimensionalidad tanto en estructuras estables como en estructuras móviles y penetrables.

El maestro Carlos Eduardo Cruz Diez nos dejó, pero como decía el poeta Andrés Eloy Blanco: no hay que llorar la muerte de un viajero, hay que llorar la muerte de un camino; el sendero del maestro seguirá abierto y ya es eterno. Recientemente en nuestro programa televisivo Brújula Internacional el Señor Embajador de Francia en Venezuela Romain Nadal describió el largo trayecto artístico del maestro pintor Carlos Cruz Diez con su trabajo en París, desde 1960 hasta su muerte en la ciudad que tanto amo y el recuerdo de que Francia lo hizo parte de su historia al hacerlo ciudadano. Con el Embajador compartimos el diálogo con uno de quien fue su alumno y compañero de trabajo, el maestro Juvenal Ravelo. En París y Panamá, en uno de sus talleres gerenciados por sus familiares pero bajo su dirección y rodeado de numerosos alumnos tuvimos la oportunidad de conversar con el maestro y compartir su pensamiento, donde el color es una realidad autónoma dejando de lado la forma y soporte para ubicarse solo en el tiempo y el espacio. De estos diálogos panameños y parisinos, recogemos algunos criterios que nos expresó de su cosmovisión no solo del arte sino de la vida. Nos afirmaba que el arte es una aventura sin esperanza, es un mensaje enviado al espíritu de los hombres que se realizará plenamente en el futuro. El artista es un testigo y representante de su tiempo, ya que en un cuadro cualquiera de los pintores del siglo XV y XVI está presente la historia económica, política y social de la sociedad de su época. Para él, lo importante es la apreciación del instante. Por eso, su interés en las nuevas expresiones con realidades presentes. Afirmaba que sus obras no son cuadros ni esculturas, son aportes de un acontecimiento donde las cosas se suceden en el tiempo y el espacio; donde cada quien puede descubrir su propia situación. Se declaraba un rebelde permanente en cuanto a lo social, mostraba una posición firme contra la injusticia y el despotismo, en el arte contra la esclavitud de las formas y la sola significación del pasado. Calificaba su arte de humanista, no está dirigido únicamente para quienes lo hacen sino para aquellos quienes lo contemplan debido a que el arte es comunicación. Aseguraba que el arte debe ser abierto, sin esclavizarse a ideologías que se transforman en dogmas y religiones. El arte trasciende al Estado y a los gobiernos porque es una reflexión ética y estética sobre el hombre y su entorno. Hoy, lo que nos caracteriza es la fenomenología y tecnología pero debe tener toda la dimensión humana. El maestro afirmaba que estamos a caballo entre el fin de una civilización y el comienzo de otra, de la que no sabemos cuáles serán sus beneficios. El arte debe orientarse en la dirección de lo permanente y lo trascendente. En varias oportunidades, el maestro se refirió a su constante oposición contra todos los sistemas totalitarios y reafirmaba su compromiso con la libertad; decía que las dictaduras ahogan al arte y al artista. En la época del comunismo soviético, quienes lo denunciaron inicialmente fueron los artistas y estos sufrieron consecuencias; aunque inicialmente participaban con la buena fe de la gran utopía del marxismo y su proyecto mesiánico. En relación con Venezuela, el maestro afirmaba que desde hace algún tiempo el mundo ha volteado la mirada a Latinoamérica. Aseguró que Venezuela ha demostrado ser un país de pintores, músicos, escritores y peloteros que se encuentran flotando por el mundo para así enaltecer a la nación. Cruz Diez se mostró sorprendido debido a la cantidad de trabajos y exposiciones que han surgido. Expresó que en todas partes del mundo existe interés por el trabajo que realiza, ya que hoy en día las nuevas generaciones comienzan no solo a entender sino a disfrutar las propuestas y a descubrir que en el color hay otras posibilidades de placer. Para él, el color es más que una pintura aplicada con una brocha sobre una tela. El mundo había olvidado disfrutar del color en el espacio, la transformación continua y sutil del color en todas las cosas que nos rodean. En palabras del gran maestro Carlos Eduardo Cruz Diez, esta generación empieza a disfrutar de ellos gracias a su propuesta. En esta modernidad líquida como lo refiere el autor Zygmunt Bauman, necesitamos referencias firmes, pivotes inmovibles y testimonios sólidos. Esto es y será el ejemplo y el misterio del color de Cruz Diez. [email protected] Publicado en El Universal